Sobre mí

Buenos días, buenas tardes, buenas noches. Mi nombre es Marina Fernández nacida en Necochea, una ciudad ubicada en la costa Atlántica Argentina. Desde muy chica me caractericé por ser muy inquieta y curiosa. Mi vida fue intensa y me llevó por diversos caminos, dónde aprendí y encontré una manera de expresar mi mundo interno por medio del arte. El hecho de ser artista plástica me permitió expresarme de otra manera en situaciones que no podía verbalizar. Hubo un hecho que lo cambió todo y que me permitió afinar los sentidos. Esto cambió mi destino, hoy no puedo encerrarme en una única técnica. Los distintos rumbos de la vida me llevaron a conocer a Pamela Gabriele, una joven con discapacidad visual desde sus 15 años quién, a causa de una diabetes, sufrió una retinoplastía. Ella me enseñó que existen otras maneras de percibir el mundo que nos rodea. Pamela fue mi pie para entrar en este universo, buscando diferentes herramientas para poder ayudarla a ver el arte desde su percepción. Ustedes podrían preguntarse qué tiene que ver la discapacidad con el arte, pero ambos van de la mano y esto me hizo plantearme el siguiente desafío: cómo compartir mi amor por el arte con aquellas personas que poseen ceguera y discapacidad visual. Si bien yo les describía oralmente las obras de arte, sentía la necesidad de transmitirles algo más a través de los distintos sentidos. Gratamente descubrí que había algo más que me movilizaba y descubrí que la ceguera no se limitaba a blanco o negro, sino que existen distintos niveles desde parcial hasta total.

Así, mis obras tomaron otro rumbo, y allí entendí que no todas las personas con discapacidad visual son ciegas, sino que también hay personas con diferentes patologías visuales que perciben manchas en el campo visual, o que incluso llegan a captar las imágenes dentro de su periferia. Comencé a estudiar las patologías visuales y descubrí que no todas se perciben de la misma manera: hay personas daltónicas, con baja visión, como así también con ceguera absoluta. Pero eso me llevó a aprender que a pesar de sus dificultades sus manos eran sus ojos.

Comencé a llenarme de preguntas, y la necesidad de encontrar un camino me impulsó a estudiar e investigar hasta que me adentré en una trama que ignoraba y que me fascinó. Los distintos materiales me permitieron jugar con texturas como el cemento y el estuco hasta llegar a un material de revestimiento que, al someterlo a altas temperaturas, yo podía moldear a mi gusto.

De ahí que comencé a encontrarme con otras patologías visuales diferentes y trabajé para adaptar mis obras a las limitaciones visuales que se cruzaban en mi día a día. En otras palabras, me acerqué a más personas, y esto me enfrentó a otro desafío: cómo transmitir los colores. En este sentido, fueron muchos años de prueba y error que me impulsaron a crear un sello propio con el objetivo de facilitarles e incentivarlos a crear sus propias obras. Mi determinación me condujo a diseñar un dispositivo para que cada uno de ellos fuera artista y autónomo. Las obras que hemos trabajado se podrán encontrar en la galería, donde están a la venta, al igual que los kits ya patentados que desarrolle de señaladores de pinceles (cinco grosores diferentes) y el kit para daltónicos. Aquí van a poder encontrar un diseño de señaladores único en su tipo que muestra los colores primarios.
Los diversos encuentros me llevaron a crecer y a mejorar como persona, a abrir mi mente a otras realidades para poder compartir desde el arte y así construir puentes libres de prejuicios, de modo que una patología no te limite, sino que te impulse.

Así surgen los proyectos que podrán verlos en esta página web, como también diferentes cuadros, cuadros eco-cuero, cuadros con técnicas mixtas y collages.
Agradezco a mis dos extensiones de mi narcisismo (mis hijos), a mis formadores, incluyendo a Pablo Benedini, mi primer profesor que me enseñó a encuadrar con mis manos las esquinas para enmarcar y ver los puntos de fuga, la perspectiva, el dibujo, Etc.

En 1992 no contábamos con las herramientas de hoy en día que facilitan y mejoran las técnicas artísticas. Si bien, no pude comenzar la carrera de Artes Visuales, eso no me impidió encontrar mi verdadero propósito. En este sentido, mi agradecimiento es para Cooperatore, por su enseñanza con el grafito y para Claudia Börg, quien me introdujo en la técnica del óleo. Patricia Berruti, a quien admiro profundamente por toda su sabiduría y generosidad. Ella padece de maculopatía pigmentaria y desafió todos los prejuicios siendo escritora de la obra “Cuando se apaga la luz”, es periodista y conductora de “Otra mirada” en la ciudad de Tres Arroyos.

También, quiero agradecer a quienes, de una u otra manera, me impulsan a la búsqueda de herramientas necesarias para construir desde el arte y generar un puente (o bisagra) entre el arte y la discapacidad visual. Además, a mis amigos de siempre que están alentando, a los que me miran y no entienden de qué se trata todo esto. Así como también a aquellos que se sientan a escuchar, a los que me ayudan con ideas, a quienes circunstancialmente estuvieron y también siguieron su camino. No quiero dejar de mencionar a Pablo Falco, quien dirige la biblioteca popular Bernardino Rivadavia de Tandil. Él padece una ceguera completa y se convierte en mi guía al utilizar ciertas herramientas tecnológicas, y a Gastón Campo mi contención en cualquier momento que lo necesito y en todos los ámbitos de la vida.

Además conté con Marcos, quien con su enorme sensibilidad de artista me guió en este hermoso camino. Él junto a su equipo (MDG Multimedial) hicieron posible este proyecto para difundir y llegar a la meta, y lograr que mi página sea accesible a los lectores de pantalla que usan las personas con ceguera o disminución visual.

Espero que disfruten de este espacio único que hemos construido con mucho cariño hacia quienes logran ver a través del arte.