El susurro del sol naciente

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Quise crear un refugio para el alma, un rincón de contemplación absoluta donde el tiempo se detiene.
Papel de gramaje grueso, deje el fondo blanco. Me imaginé de pie ante esta pagoda ancestral, sintiendo la brisa ligera y el aroma que desprenden las flores de cerezo, bajo la imponente mirada de un sol carmesí. Con cada trazo, busqué plasmar la dualidad entre la solidez de la arquitectura y la naturaleza efímera que la rodea, invitando a quien lo miré a encontrar su propia paz interior en medio del silencio. Referencia arraigada en la cultura japonesa tradicional, la filosofía estética del Wabi-Sabi (la belleza de lo imperfecto y lo transitorio). Visualmente, me inspire, pero (aclaro ni cerca) con el estilo de maestros del grabado Ukiyo-e como Utagawa Hiroshige, famoso por sus paisajes poéticos de templos, lunas y ramas floridas envueltas en atmósferas místicas.
Lo que dibuje es una estructura de pagoda de varios niveles, el tronco oscuro de un árbol que enmarca la escena, una rama con delicadas flores de cerezo (sakura) y un sol poniente de fondo.
Se notan pinceladas aguadas y fluidas en los lavados grises del fondo con trazos negros, densos y hechos con tinta y con pincel cargado, emulando la técnica oriental del Sumi-e. Usé paleta casi monocromática dominada por grises, negros y el blanco del papel, rompí la monocromía con el rojo carmín intenso del sol y los sutiles matices rosados de las flores, creando un foco de atención visual. En lo emocional transmite nostalgia, misticismo y una profunda calma espiritual. Una sensación de soledad y respeto hacia la naturaleza que invita a la meditación.

MEDIDAS: 14X21